¿El shiatsu sirve para la fibromialgia?
La fibromialgia es una de las condiciones más complejas, dolorosas y difíciles de tratar de la medicina contemporánea. Caracterizada por dolor crónico generalizado, fatiga intensa, trastornos del sueño, dificultades cognitivas (la llamada «niebla fibromiálgica») y una larga lista de síntomas concomitantes, la fibromialgia afecta aproximadamente al 2-4% de la población, con una prevalencia muy superior en mujeres que en hombres. Su base fisiopatológica implica una sensibilización central del sistema nervioso que produce una amplificación anormal de las señales de dolor, lo que hace que estímulos que serían normalmente inocuos (como la presión sobre los tejidos) sean percibidos como dolorosos.
Esta característica de la fibromialgia (la hipersensibilidad al dolor y al tacto) es precisamente la que hace necesario un enfoque especialmente cuidadoso y adaptado cuando se plantea el trabajo con shiatsu. El shiatsu puede ser una herramienta de gran valor en el manejo de la fibromialgia, pero requiere adaptaciones importantes respecto al trabajo estándar.
La fibromialgia desde la perspectiva oriental
Un patrón de kyo profundo con jitsu superficial
En la medicina oriental, la fibromialgia presenta un patrón energético característico: un kyo extremadamente profundo en los meridianos yin (especialmente Riñón, Corazón y Hígado), que refleja el agotamiento profundo de la esencia y del ki, combinado con un jitsu en los tejidos superficiales que se manifiesta como hipersensibilidad al tacto. Es como si el organismo estuviera tan vacío en su profundidad que hubiera perdido la capacidad de regular la información que le llega desde la superficie: cualquier estímulo externo llega a un sistema nervioso que ya no puede filtrar ni jerarquizar las señales de forma adaptativa.
