¿El shiatsu es bueno para la digestión?
El sistema digestivo es uno de los más sensibles a la influencia del sistema nervioso y del estado emocional. No en vano se habla del intestino como el «segundo cerebro»: contiene más de 100 millones de neuronas, produce el 90 por ciento de la serotonina del organismo y mantiene una comunicación bidireccional constante con el cerebro a través del nervio vago. En este contexto, una terapia como el shiatsu, que actúa directamente sobre el sistema nervioso autónomo y trabaja sobre los meridianos relacionados con la función digestiva, tiene el potencial de mejorar significativamente la salud digestiva.
Los trastornos digestivos funcionales (síndrome de intestino irritable, estreñimiento crónico, dispepsia funcional, gases y distensión abdominal) son extraordinariamente frecuentes y afectan profundamente a la calidad de vida. El shiatsu ofrece una aproximación terapéutica integral que aborda estos trastornos tanto desde sus causas físicas como desde sus dimensiones emocionales y energéticas.
El hara: el centro del trabajo digestivo en el shiatsu
El abdomen como sede del ki
En la práctica del shiatsu, el abdomen (hara en japonés) ocupa un lugar central que no tiene equivalente en ninguna otra terapia corporal occidental. El hara no es solo el lugar donde se encuentran los órganos digestivos: es, según la cosmovisión japonesa, el centro vital del ser humano, la sede del ki esencial, el punto de equilibrio entre cielo y tierra. El trabajo directo sobre el hara es una de las características más específicas del zen shiatsu y una de las intervenciones más eficaces para los trastornos digestivos.
