¿Se puede hacer shiatsu a niños?
El shiatsu para niños es una modalidad especialmente delicada, necesaria de abordar con precisión, y enormemente beneficiosa cuando se realiza de forma adecuada. Los niños son receptores ideales del shiatsu en muchos sentidos: su ki es naturalmente abundante y fluido, sus tejidos son más receptivos y menos rígidos que los de los adultos, y su capacidad de respuesta al trabajo energético es generalmente más rápida. Al mismo tiempo, trabajar con niños requiere adaptaciones específicas en la técnica, la duración y el encuadre de la sesión que no pueden ignorarse.
Adaptaciones fundamentales para el shiatsu infantil
La presión: mucho más suave
La adaptación más importante del shiatsu para niños es la reducción drástica de la presión. Los tejidos infantiles son mucho más delicados y sensibles que los de los adultos: la piel es más fina, los huesos están en proceso de desarrollo, y el sistema nervioso es más sensible a los estímulos externos. La presión utilizada en el shiatsu para niños debe ser notablemente más suave que en el trabajo con adultos: más cercana a una presión de «contacto y presencia» que a la presión profunda del shiatsu estándar. A medida que el niño crece, la presión puede ir aumentando progresivamente.
La duración: sesiones más cortas
Las sesiones de shiatsu para niños son considerablemente más cortas que las sesiones para adultos. La capacidad de atención y la tolerancia al trabajo estático de los niños pequeños es limitada, y una sesión demasiado larga puede ser contraproducente y crear una experiencia negativa que dificulte futuras sesiones. Como orientación general: niños de 0-2 años, 15-20 minutos; niños de 2-5 años, 20-30 minutos; niños de 5-10 años, 30-45 minutos; niños de 10-14 años, 45-60 minutos.
