¿El shiatsu puede empeorar alguna enfermedad?
Esta pregunta, aunque puede parecer alarmista a primera vista, es completamente legítima y refleja una actitud responsable hacia la propia salud. Como cualquier intervención terapéutica, el shiatsu no es neutro: puede producir efectos beneficiosos pero, en determinadas circunstancias, también puede no ser adecuado o incluso agravar ciertas condiciones. En este artículo exploramos con honestidad y rigor cuándo el shiatsu puede ser contraproducente y qué enfermedades o situaciones requieren precaución especial o contraindicación directa.
El principio de «primum non nocere» aplicado al shiatsu
El principio ético médico de «primero, no dañar» (primum non nocere) es tan válido para la medicina convencional como para cualquier terapia complementaria. Un terapeuta de shiatsu ético y bien formado tiene el deber de conocer las contraindicaciones y precauciones de su práctica y de abstenerse de tratar o adaptar el tratamiento cuando existe riesgo de daño.
Sin embargo, la realidad es que el shiatsu, practicado correctamente, tiene un perfil de seguridad muy favorable. Los efectos adversos graves son extremadamente raros, especialmente cuando el terapeuta está adecuadamente formado. Los problemas que sí pueden aparecer son generalmente leves y transitorios.
