La fiebre es uno de los motivos de consulta más comunes en la medicina convencional, y también una de las situaciones en las que con mayor frecuencia surge la pregunta de si conviene o no recibir algún tipo de terapia manual complementaria. En el caso del shiatsu, la respuesta clara y basada en criterios de seguridad es que la fiebre constituye una contraindicación temporal para recibir esta práctica. Veamos por qué, qué excepciones podrían existir y qué alternativas pueden considerarse.
¿Qué es la fiebre y por qué es relevante para el shiatsu?
La fiebre, definida como una temperatura corporal superior a 38°C (algunos autores hablan de 37,5°C como límite inferior), no es en sí misma una enfermedad sino un mecanismo de defensa del organismo. Es el resultado de la activación del sistema inmunológico ante una infección (vírica o bacteriana), un proceso inflamatorio o, con menor frecuencia, otras causas como reacciones a medicamentos, enfermedades autoinmunes o neoplasias.
Cuando el cuerpo tiene fiebre, está en un estado de actividad metabólica elevada: el corazón late más rápido, la circulación sanguínea está acelerada, el metabolismo celular aumenta y el sistema nervioso puede estar alterado. En este contexto, aplicar un estímulo corporal adicional como el shiatsu puede generar sobrecargas en un organismo que ya está trabajando al máximo de sus capacidades defensivas.
