El trastorno de ansiedad generalizada (TAG) es una de las formas de ansiedad más prevalentes y, al mismo tiempo, más debilitantes. Quien lo padece convive con una preocupación excesiva, persistente y difícilmente controlable acerca de múltiples aspectos de la vida cotidiana: la salud, el trabajo, las relaciones, la economía. Esta preocupación no responde a amenazas reales proporcionadas, sino que se mantiene activa de manera casi constante, generando un estado de tensión física y mental que impacta profundamente en la calidad de vida.
Desde la medicina convencional, el TAG se aborda habitualmente con psicoterapia cognitivo-conductual y, en muchos casos, con medicación ansiolítica o antidepresiva. Sin embargo, un número creciente de personas con TAG busca complementar estos abordajes con terapias corporales que aborden las manifestaciones físicas de la ansiedad de manera directa. El shiatsu es una de las opciones que más interés ha generado en este contexto.
La ansiedad no solo está en la mente: el cuerpo en el TAG
Uno de los aspectos más importantes del TAG que a menudo se subestima es su dimensión corporal. La ansiedad crónica no es solo un estado mental: tiene manifestaciones físicas profundas y persistentes que forman parte de los criterios diagnósticos del trastorno según el DSM-5. Entre estas manifestaciones se incluyen la tensión muscular (especialmente en cuello, hombros y mandíbula), la fatiga fácil, la dificultad para concentrarse, la irritabilidad, las alteraciones del sueño, los dolores de cabeza, las palpitaciones, la sensación de nudo en el estómago y la sudoración excesiva.
